Origen

La idea de la fundación Casa de la Alegría nació cuando su fundadora Laurie estuvo cuatro meses en Cochabamba haciendo el trabajo de campo para sus estudios de antropología. Ella se enamoró del país, la ciudad y su gente, pero también vio muchas cosas que no andaban bien. Ella habló con los bolivianos, y pronto se hizo evidente que muchas familias, debido a la gran pobreza, están tan ocupadas tratando de sobrevivir que la tarea de la paternidad es muchas veces desatendida. Muchos niños trabajan a temprana edad y están enfrentados a agresión, violencia y abandono. Como resultado, muchos de ellos enfrentan carencia socio-emocional, se les dificulta tratar con las emociones y frecuentemente terminan en un círculo vicioso de violencia y agresión. La idea fue ayudar a desarrollar estas habilidades y usar sus talentos de tal forma que puedan ser más independientes y orgullosos de sí mismos y puedan crear un mejor futuro para ellos.

Después de regresar a Holanda, Laurie, junto con la junta directiva anterior, depositaron todos sus esfuerzos en la creación de la Casa de la Alegría. Finalmente Laurie emigró a Cochabamba para coordinar desde allí la fundación. Actualmente hay una nueva junta directiva, la fundación se ha expandido con dos profesores en Bolivia y un grupo entusiasta de voluntarios en Holanda, quienes trabajan juntos por un futuro mejor para los niños en Bolivia.

Docentes

Laurie había planeado la búsqueda de docentes un par de semanas después de su llegada a Cochabamba. El plan era: primero organizar todo y después de unos meses buscar activamente los docentes.  Sin embargo,  una semana después de haber llegado, Laurie habló acerca del plan con uno de sus amigos, y al día siguiente había dos jóvenes que querían aplicar a la posición de docentes, Omar y Karito. Aunque sólo había presupuesto para un docente, después de los talleres de prueba fue evidente para Laurie que no podía dejar ir a ninguno de los dos. Afortunadamente, ambos estaban dispuestos a trabajar tiempo parcial. Los dos docentes no podían ser más diferentes;  Omar es rara vez puntual, a veces vive como en un cuento de hadas, es realmente ambicioso e idealista, y tiene una manera mágica de trabajar con la cual puede llegar hasta los niños con mayores dificultades. A Karito le encanta un ambiente estructurado, trabaja todo el tiempo en una forma organizada y  no duda en dar una retroalimentación constructiva (lo cual en Bolivia definitivamente no es habitual).  Los dos tuvieron una infancia difícil, y simpatizan muy bien con los niños con los que trabajan.  A pesar de  las diferencias – o quizás gracias a ellas – los docentes y Laurie se sienten muy bien y se mantiene una muy buena forma de trabajar.

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